sábado, 12 de febrero de 2011

Sakura


Para ella

"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"
Pablo Neruda





Miro tu cara en la flor de los cerezos.

Era julio y esperaba el florecer con ansias porque sé que mirar el prado rosa representa tu sonrisa en mi memoria.
Era agosto y sabía que la primavera traería con su aroma a flor fresca tu aroma a vida nueva, tu risa acuática, tus ojos de melón.
Era noviembre y supe que ellas sabían el día exacto en que vendrías, el color de tu risa, la flor en tu cabello.
Era febrero y las hadas me contaron su secreto: que eres Sakura, que floreces en abril, que llenas la vida de rosa.

Entonces comprendí cómo se disfruta la vida, “Como esperando abril”.

martes, 8 de febrero de 2011

Sesenta abajo

Llevó un bloque de hielo
en cada subida al puente
diez

veintitrés
treintaidós
sesenta escalones bajo sus pies
durante siete bloques de hielo


abajo el pavimento
los coches que andantes ignoraban su enjuto rostro
su irascible espíritu que subía dos
tres
siete veces sesenta los pies descalzos de Virginia
los cabellos amargos de Virginia

siete cayeron movidos por su fuerza
ella
tibia
cayó sesenta abajo
alas al horizonte en vuelo.

sábado, 22 de enero de 2011

El Puente del Arco Iris

Ivette, la doctora de Morris me escribió en mi entrada anterior un mensaje precioso en el que me ayuda a enfrentar su muerte, a aceptarla y a seguir amándolo a pesar de la distancia. Por eso, comparto con ustedes esta hermosa historia de autor desconocido que ella también compartió conmigo. Gracias Ivette por estar con Morris toda su vida, por cuidar de él, por amarlo. Eres un ángel.


EL PUENTE DEL ARCO IRIS

Hay un puente que conecta el cielo y la tierra. Se le llama el Puente del Arco iris debido a sus numerosos colores. De este lado del Puente del Arco iris hay una tierra de praderas, colinas y valles con pasto verde exuberante.


Cuando una mascota amada muere, va a este lugar. Allí siempre hay alimento y agua y un clima cálido primaveral. Los animales viejos y debilitados vuelven a ser jóvenes. Los lisiados vuelven a estar enteros. Juegan todo el dia entre ellos. Sólo falta una cosa. No están con la persona especial que los ama en la tierra. Por eso, cada día corren y juegan hasta que llegue el día en que uno repentinamente dejan de jugar ¡y mira hacia arriba! ¡La nariz se contrae! ¡Las orejas erguidas! ¡Los ojos miran fijo!¡Y esta mascota súbitamente se aleja del grupo! Te ha visto y cuando tú y tu amigo especial se encuentren lo tomarás en tus brazos y lo abrazarás. Tu rostro será besado una y otra vez y te mirarás una vez más en los ojos de tu mascota confiada. Luego cruzarán juntos el Puente del Arco Iris para no separarse nunca más.

Autor desconocido.

jueves, 20 de enero de 2011

Despidiendo a un amigo

Nunca será bueno el día en que uno despide a un ser que ama hasta el tuétano, nunca podrá serlo cuando se tiene que despedir a un amigo. Estoy tan lejos de él y no sé si alcance a llegar a tiempo para darle un beso, abrazarlo y desearle buen viaje, el último, a ese cachito de pelos que me amó y que yo amé tanto. No sé si vaya hoy o mañana, pero es lo de menos, así como es lo de menos si conservar sus cenizas, si enterrar  o no, aunque sí es mucho querer guardarlo en la memoria. Así que escribo para él ahora que todavía está y que sabe que lo amo. De verdad quiero estar ahí para abrazarlo, pero estoy en el aeropuerto llorando como una chiquilla mientras escribo esto.
Pienso que hasta tuve una premonición, justo anoche que soñé la muerte de una chica parecida  a Virginia Wolf, tan enferma, caotizada e incomprendida como ella. Justo hoy que él, al que amo tanto, despidió hace 13 años a su ser que todavía ama hasta el tuétano. Así es ella, se pasea entre uno sin que podamos hacer nada.
Morris, Juli (en mi vientre) y yo
Me quedo con ese cachito de pelos en mis fotos del álbum, en mis recuerdos, en los 15 años tan maravillosos que vivimos juntos, y luego pienso en mis otros niños, en el día que les toque partir, me voy a volver a morir poquito, pero luego sonrío porque sé que cuando llegue a casa me llenarán de babas y de pelos, y de amor, el más genuino que jamás tendré sobre la tierra.
Busqué el asiento más apartado en la sala B del aeropuerto, para llorar a gusto... y confieso que me hace falta un abrazo.
Morris Alfonso Tejeiros y Caballero, mil besos por siempre y para siempre, a donde quiera que vayas.

jueves, 13 de enero de 2011

En el corazón de una Moira


Hablaban las Moiras del dolor, de las heridas, de la fe, del amor, de con qué intensidad se viven todos esos y la magnitud con que la perciben los demás. Hablaba yo del terrible y a la vez maravilloso año que fue el anterior, y es que ese mero es el que tuvo la carne al descubierto y con limón, el mismo que trajo la bendición del corazoncito moldeado y cubierto de sonrisas, el mismo que mantuvo unidas a las Moiras y en un péndulo sus gargantas y espíritus.  Al final, haciendo un balance y un recuento, después de todo, es bueno rescatar que aunque no parezca, la fe sigue ahí –en la forma que a cada quien le sirva–, el dolor sigue ahí luchando por desaparecer y recordándonos lo humanos que somos y los hombros amigos que tenemos como mástiles en la tormenta; que las heridas poco a poco se van convirtiendo en cicatrices, al ritmo que cada quien le ponga; y el amor… el amor sigue siendo amor por fortuna. Nunca dirá una Moira “ánimo”, porque las Moiras creen en el dolor que se purga, en el llanto que cura, en la sonrisa silente que saca de los peores abismos. Y ahí está el amor, y ahí está la fe y ahí está la cura, purgando las lágrimas en tazas de café.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Bienvenida la vida


Es momento del balance anual, de cierres fiscales, de reportes finales. Todavía faltan un par de semanas para que termine este revolucionario año, pero por si las dudas yo voy bajando el telón (no quiero que me agarren las prisas y quedarme estampada en el ciclorama).
Ha sido un año particularmente difícil, afortunadamente hermoso. Este año sufrí como nunca antes en mi vida, física y emocionalmente, pero el dolor me hizo una mujer fuerte y como dijo Moira PZ “hay que ser muy mujer para vivir”. Lloré diez mil lágrimas en cada mejilla pero también sonreí para siempre, convertirme en madre ha puesto el sol en mis labios. Se redujo y se multiplicó la familia. Hubo quien me bendijo con su maldición, entonces crezco. Ha sido año de aprendizaje, de evolución, de amores, mares y desamores.
Reafirmé el amor de familia, de hermanos, de padres, de madre, de hermanomos y amigos casi hermanos, de esposa. Aprendí a confiar y a creer en mi sexto sentido. Me atreví a perdonar, a cambiar, a reconocer y rectificar mis errores, y lo mejor de todo es que creo que aprendí a amar, conocí la libertad.
Cierro varios ciclos y abro otros que pintan de maravilla. Empecé el año con una terrible tristeza y puedo decir que soy muy feliz y que mi fe y esperanza están puestas en cada día, en el presente, en todos los actos de mi vida.
Gracias a los que compartieron conmigo el 2010, mis buenos y mis malos momentos, a los que creen en mí, a los que me quieren y sonríen al verme feliz. Gracias a todos por ser mi mástil en medio de la tormenta, mi guía cuando estaba ciega, mi sonrisa en tiempos de aguas amargas. De muchas, distintas, infinitas formas me ayudaron a ver quién soy y de qué está hecho mi corazón.
Gracias genuinas (cada quién sabe bien lo que hizo por mí).
Mientras cae el telón esta terca Herminia aplaudirá de pie la sonrisa de Julieta.

martes, 14 de diciembre de 2010

Soñando siempre contigo

Wislawa Szymborska
La primera vez que leí este poema lloré tanto que casi me quedo sin lágrimas. Lo he sufrido en carne viva y he muerto de tristeza. Pero estoy de pie y ahora que lo leo me sigue pareciendo tan cierto y tan bello como cada lágrima que se me fue en las mejillas. Es de Wislawa Szymborska, de mis favoritas, de mis favoritos.

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo...

Estoy demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
No vuelo sobre él, de él no huyo
Entre las raíces arbóreas. Estoy demasiado cerca.
No es mi voz el canto del pez en la red.
Ni de mi dedo rueda el anillo.
Estoy demasiado cerca. La gran casa arde
Sin mí gritando socorro. Demasiado cerca
para que taña la campana en mi cabello.
Estoy demasiado cerca para que pueda entrar como un huésped
que abriera las paredes a su paso.
Ya jamás volveré a morir tan levemente,
tan fuera del cuerpo, tan inconsciente,
como antaño en su sueño. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca. Oigo el silbido
y veo la escama reluciente de esta palabra,
petrificada en abrazo. Él duerme,
en este momento, más al alcance de la cajera de un circo
ambulante con un solo león, vista una vez en la vida,
que de mí que estoy a su lado.
Ahora, para ella crece en él el valle
de hojas rojas cerrado por una montaña nevada
en el aire azul. Estoy demasiado cerca,
para caer del cielo. Mi grito
sólo podría despertarle. Pobre,
limitada a mi propia figura,
mas he sido abedul, he sido lagarto,
y salía de tiempos y damascos
mudando los colores de mi piel. Y tenía
el don de desaparecer de sus ojos asombrados,
lo cual es la riqueza de las riquezas. Estoy demasiado cerca,
demasiado cerca para que él sueñe conmigo.
Saco mi brazo que está debajo de su cabeza dormida,
Mi brazo dormido, lleno de agujas imaginarias.
En la punta de cada una de ellas, para su recuento,
Se han sentado ángeles caídos.

Versión de Elzbieta Borkiewicz
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