Llueven días en que ni números
ni letras significan tu nombre.
A cántaros caen sinalefas sin sentido
ecuaciones de algebraico desorden
que no dicen
ni prefijos
ni finales de tu sombra.
Será que existes
en lo que tu apócope esconde
que tu risa
es un compás de tres cuartos
y tu nombre es obligado silencio.
martes, 17 de mayo de 2011
lunes, 9 de mayo de 2011
Centímetro a centímetro
-Piel, cabello, ternura, olor, palabras-
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.
Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.
Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.
Es como si dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.
Rubén Bonifaz Nuño
mi amor te va tocando.
Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.
Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de "usted", para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.
Qué delicia delgada, incomprensible,
la de verte lejos,
y soportar los golpes de alegría
que de mi corazón ascienden
al acercarse a ti por vez primera;
siempre por primera, a cada instante.
Y al mismo tiempo, así, juego a perderte
y a descubrirte, y sé que te descubro
siempre mejor de como te he perdido.
Es como si dijeras:
"Cuenta hasta diez, y búscame", y a oscuras
yo empezara a buscarte, y torpemente
te preguntara: ¿estás allí?", y salieras
riendo del escondite,
tú misma, sí, en el fondo; pero envuelta
en una luz distinta, en un aroma
nuevo, con un vestido diferente.
Rubén Bonifaz Nuño
viernes, 29 de abril de 2011
Feliz cumpleaños Sakura
Desde que soy madre he aprendido cosas que probablemente nunca puse realmente en práctica: paciencia, amor incondicional, admiración, sorpresa. Ser madre me ha hecho entender que la vida es un pergamino en el que escribimos desde que nacemos con la cotidianeidad de los días, y es un placer ayudar a Sakura a hacerlo justo ahora, mientras ella se prepara, mientras aprende a escribir con su propia tinta los días de su vida.
Definitivamente la mejor parte de mi vida son las noches en que nos acurrucamos a platicar lo que ocurrió en el día, ella se va arrullando mientras me platica y se duerme, y juntas soñamos; parece que el tiempo se detiene y me regala minutos que son una vida entera, cuando acaricia mi cara y mi pelo para dormir.
Le ayudo a escribir su vida, a hablarla, a caminarla, a comérsela entera y beberla en onzas de leche y de jugo de manzana; a construirla con bloques de plástico y a mecerla con amor con sus monos de peluche; a leerla en sus libros infantiles.
Ella baila y yo vuelo con sus miles de sonrisas, con sus ojos que pellizcan, con su voz que promete cantar diez mil canciones de blues con su papá.
Ella abraza y besa a sus hemanos-perros y yo me siento satisfecha por enseñarle que los animales merecen tanto amor y tanto respeto como cualquier ser vivo en este hermoso planeta.
Y nos abrazamos los tres, papá, Sakura y yo, y siento un placer inmenso de que nos amemos como hoy toda la vida.
¡Feliz cumpleaños Sakura!
Del diván de
Él,
Sakura,
Un pedazo de tuétano,
Yo
jueves, 14 de abril de 2011
Mona
Una mona estaba en la ventana del primer piso. De esas de plástico duro, con marcas de tinta azul en la piel, con tres pelos que trajeron a mi memoria un poema de Cristina, con la mona pelona como protagonista. Era febrero, éramos veinteañeros, éramos felices, como hoy. La vida no había traído nada para ambos, tal vez una incipiente relación trunca, hasta que algo te hizo marcar mi número e invitarme un café turco. Esa tarde salimos del Madoka, enmarcado por un sol gris naranja, tu mano eléctrica abrió la mía, me hizo sonreír y mirar por la ventana en donde estaba ella espiándonos, desnuda, detrás de un vidrio roto, como su cuerpo. Siempre que recuerdo esa tarde sonrío, recuerdo el azul de tu coche, tu mano eléctrica y la mona pelona en la ventana, y que la vida, el futuro y la felicidad eran nuestras, que la promesa era nuestra.
Después de varios años la vida nos ha traído más vida, el presente es el que nos pertenece y la felicidad se ha renovado y vive en nuestra casita al pie de la colina. La mona, parece que sigue ahí, mirando por la ventana, tiesa, seca, pelona, sola.
P.D. Tienes un DM. Te invito un café turco.
Del diván de
Él,
Vida Surreal,
Vómito Hermínico,
Yo
jueves, 7 de abril de 2011
Manto sagrado
Para Lady Mondegreen y La reina Loana
Cuando una Moira llora
las demás tejen un manto con sus lágrimas.
He despertado tejiendo de nuevo el manto.
Voz recién nacida me revienta los pulmones
y no se transforma en canción
no puede hacer tresillos en Mi mayor
ni mecerse en antiguos valses.
La Moira que soy tiene rotas las alas,
y aún conserva entero el corazón para tejer
el manto que abrigue dos corazones
que deben latir con fuerza
y comerse el mundo a cada sístole violenta.
No hay compás
no armonía
nula melodía que me haga bailar
alrededor del fuego de la luna,
pero el tercio de sonrisa que conservo
es aguja que zurce con lágrimas ajenas
dos almas que no se apagan a instancias del destino.
La Moira que soy apresura las manos
las lágrimas
y ahuyenta al destino,
cubre a las Moiras con el manto
con tres sonrisas
mientras bailan un vals en el fuego de la luna.
jueves, 10 de marzo de 2011
Tema soledad
Para ella, por las maletas, la cinta canela, los ya no te amo.
No sé qué empeño tiene la vida en que el tema de hoy sea la soledad. Buena consejera, sin duda, pero dolorosa en extremo, como sólo pueden doler los partos. Difícil es recordar, ya sé que uno tiene que quedarse con las cosas buenas, con el presente, con lo que ya no duele, pero creo con firmeza en que recordar en definitiva no es vivir; es entender, corregir, aceptar, renunciar al egoísmo, perdonar y por ende amar.
Muchas veces recorrí la misma carretera con las mismas lágrimas y con Sakura en el vientre, y no puedo evitar sentir remordimiento al recordar lo sola que me sentía. Hoy recorrí esa misma carretera, con otras lágrimas, sin Sakura y con el recuerdo de la lechuza blanca frente al parabrisas, recordándome que a pesar del dolor las alas deben abrirse al vuelo, lanzarse al vacío del dolor para poder sanar.
He leído a Lobo y, caray, los recuerdos me llenaron de nuevo el corazón de agua, el alma de llanto viejo, de agua el corazón que supura en busca de salud. Pensé en maletas, en cenas en soledad, en ganas de sobrevivir el duelo, en brazos que fueron anclas en mi tormenta.
Llegar a casa sin Sakura me trajo de golpe de nuevo imágenes que creí caducas, como si necesitara recordar que hace un año comenzaba el tremendo camino de la reconciliación, de la aceptación, de la madurez, del amor.
Los días son otros, los dolores son otros, los amores son grandes y hermosos. Lloro ahora, supongo que de vez en cuando es bueno exorcizar estos demonios que se van tan lentamente, pero se van.
Lobo me repitió hasta el cansancio “todo va a estar bien” y yo necesitaba creerlo, aunque en el fondo del corazón se anidara el coraje y la incredulidad. Mañana todo estará bien para ella. Hoy todo está bien para mí, para nosotros, aunque sea difícil de creer, como bien reza un proverbio africano: “después de la tormenta siempre sale el arcoíris”.
Del diván de
Él,
Un pedazo de tuétano,
Vómito Hermínico,
Yo
jueves, 3 de marzo de 2011
Sándalo añejo
Y es que en donde estoy huele a sándalodel añejo que se escondía en casa de la bisabuela
ese que se quedaba en cada intersticio
de la cajita de música donde vivía la bailarinita
Nunca entendí cómo podía ella estar siempre
bailando sobre el espejo
cómo era capaz de dar cien vueltas cada vez
que la cuerda volvía a tocar la misma canción
Y es que en donde estoy huele a sándalo
como que soy ella
la bailarinita de casa de la bisabuela.
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