-Prende la luna, mamá.
Y la madre prende la ilusión, el sueño en su regazo.
-Prende mi luna, mamá...
Y sabe que es ella misma quien ilumina sus días y sus noches, quien pende de su deseo para pertenecer.
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-Prende la luna, mamá.
Y la madre prende la ilusión, el sueño en su regazo.
-Prende mi luna, mamá...
Y sabe que es ella misma quien ilumina sus días y sus noches, quien pende de su deseo para pertenecer.
Eres la tempestad en calma,
te elevas a voluntad,
golpeas,
giras y te eriges en monolítico arrullo.
Tu violenta caricia me da la paz de tu nombre,
esa que no he conocido
desde que eras semilla en mi tierra fértil.
Soy mujer de certezas,
ocasos y amaneceres siempre en su justo momento,
tú eres mujer de madrugadas en ascenso,
a destiempo,
de modos torrenciales,
intensos.
Somos el toro y el escorpión,
la tierra y el agua,
la tempestad en calma.
Somos risa y carcajada,
dicha en la agonía,
principio y continuar en el horizonte.
Tengo la calma,
la voluntad,
la dimensión del amor.
Tienes la fuerza,
la pasión,
la suave, mínima, perfecta tempestad.
Hoy quiero que mañana me recuerdes.
Que pienses en el olor de mi cabello
en lo fácil que siempre ha sido para
tus pequeñas manos.
Mientras balanceo tu cuerpo con mis susurros anhelo en tu futuro
una similar escena
con tu hijo envuelto en brazos
enrebozado en tu canto sutil
y tú protagonista de su inmediato asombro.
Hoy quiero labrar tu memoria,
ser aroma, cabello, arrullo,
la facilidad y el nido en donde cabía tu infantil cuerpo,
tu futuro recuerdo.
