miércoles, 14 de diciembre de 2011

Esas no deseadas soledades

No sé qué pasa hoy que Ismael García está hoy cante y trove en mi cabeza, en mi nostalgia. Yo también escribía cartas, no a La Habana, más cerquita, pero mis lágrimas le daban la vuelta al mundo cuando extrañaba, cuando la cama estaba vacía y cuando la ropa lucía tan sola, tan dura en el perchero. Y es que son terribles las distancias y temibles las soledades, pero uno aprende, se curte, se sabe fuerte, se reconoce como una roca en la adversidad, digamos que es la parte positiva de una soledad no deseada. Es en esas no deseadas soledades cuando uno decide ser un superviviente con toda el alma, aunque en realidad se sienta como un barco golpeando contra un iceberg. Es en esas no deseadas soledades cuando uno lanza una maraña de paja para que ruede tras del que se ha ido y le cuente cuánto se le extraña, cuánto se le necesita, cuánto se le ama. Y uno como roca toma decisiones, ilusas, torpes, ciertas. Y uno como roca espera, inmóvil, erosionando el corazón. Y uno como roca se instala en el guardapolvo de la puerta para que no se cierre, para que el amor entre de nuevo, si puede, si quiere, si está vivo. Todo es dudoso. Lo cierto es que la espera vale la pena, por si sí, por si no, porque de todos modos uno gana; uno gana porque pierde, uno gana porque reconstruye. Ay Ismael, mira lo que has hecho.

1 comentario:

silvestre dijo...

Muy lindo, muy cierto. Impacta y como no queriendo, cala hondo.

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