sábado, 2 de agosto de 2008

Crónica poética

Yo, pecador, a orilla de tus ojos
miro nacer la tempestad
Alí Chumacero

Esperaba ansiosa afuera del auditorio la llegada de todos. Los poetas. Varias ocasiones he hecho lo mismo "buenas noches, bienvenidos, el presidium, cedo la palabra, disfruten...", pero anoche fue especial. He estado con presidentes, rectores, políticos de gran envergadura, cónsules, historiadores, grandes ligas de las ciencias sociales, vaya, León-Portila ha sido uno de mis favoritos, pero nunca, nunca tan cerca de un poeta.

He hecho fila durante cuatro horas para que mi Norte, José Saramago, me firme mi libro favorito, para que García Márquez me firme uno ajeno y se ría de mí por olvidar el mío y firmarme en uno prestado (esa firma desapareció... todavía no me explico cómo...), pero siempre una mesa, los guaruras, la gente, los medios, siempre algo o alguien impiden la cercanía a ellos.

Anoche fue especial, celebramos en El Colegio los 90 años de Alí Chumacero. En la mesa estaban listos para comenzar: Gabriel Yáñez (hijo de Agustín Yáñez), Jorge Souza, Jorge Esquinca, Marco Antonio Campos, Carlos Montemayor, Fernando del Paso y, por supuesto, Alí Chumacero. Creo que ninguno necesita presentación. Dado el calibre de la mesa que iba a presentar mis nervios y mi corazón estaban agitados.

El primero en llegar fue Jorge Souza.

El maestro ya estaba en Zapopan, pero fue a ver a la virgen. Minutos después llegó Fernando del Paso, lo vi venir hacia mi a saludarme, me extendió la mano y dijo "buenas noches, señorita", bien. Después llegaron Esquinca, Montemayor y Campos. El maestro llegó con paso lento, firme, cansado. Hizo lo mismo que Del Paso, se acercó a mí y me extendió su mano. Siempre pensé que sería yo la que iría a presentarme, a preguntar, a decir, pero ellos tan educados, saludaron a quien estaba recibiéndolos en la puerta, además, ante personalidades tan fuertes el corazón se acelera y la boca enmudece.

Ya en el podio, lista para presentar el evento, me tranquilizó ver platicar a Alí Chumacero y a Fernando del Paso justo antes de comenzar, en una charla tan amena y que parecía tan feliz, que no pude dejar de imaginarme y soñar con que algún día presentaría un homenaje para alguna de mis amigas (viejitas, canosas, maravillosas, con amplia sonrisa y una historia y trayectoria dignas de homenaje, ojalá mis sueños conscientes sean oráculos de los que tanto disfrutamos).

No hice gran cosa "buenas noches, bienvenidos, el presidium, cedo la palabra, disfruten...", y me fui a disfrutar de la charla, Jaco me apartaba un lugar.

La noche estuvo completa, Souza moderó la mesa, Esquinca habló sobre su vida y su obra, Campos hizo un análisis de su obra, su entorno literario, Montemayor habló de él como poeta y editor, citó a Chumacero "Yo soy un obrero, un pastor de la palabra"; aunque lo que más me gustó y que me hizo reír es la definición de "poeta" que hiciera Amado Nervo, y que citó Montemayor, la comparto con ustedes:
en su tiempo los poetas eran rechazados por la incipiente burguesía y las personas de buenas maneras. ''La imagen del que hace versos -apuntó Nervo- ponía el Jesús en la boca de todas las gentes sensatas; si se les hubiese definido, la definición habría sido ésta: Poeta: animal nocivo y ocioso; borracho, filósofo; antropófago. Por la noche devora niños; habla solo en las calles; no se baña jamás; tiene todos los vicios; no se peina y lleva una misma camisa quince días.'' Yo agregaría otra para nuestros días: ''nunca trabaja, sólo está escribiendo''.

Fernando del Paso se llevó la ovación al referir que no se siente capaz de hablar sobre poesía, él es narrador, lo que solucionó con divino ingenio: leer poesía de Chumacero; la sala quedó en total silencio al escuchar "Antes que el viento fuera mar volcado, / que la noche se unciera su vestido de luto/ y que estrellas y luna fincaran sobre el cielo / la albura de sus cuerpos".

Alí Chumacero habló del homenaje a la poesía a través de su persona, de la poesía como un espejo fiel del espíritu y de la conciencia, para después agraceder a todos.

Aplaudimos de pie. En lo personal, hace mucho que mi alma no se llena de tantas ganas de escribir, de tanta nostalgia y de tanto amor por la palabra.


2 comentarios:

El Macaco dijo...

Me encantó el evento, la muestra de lo que los añós de saber pueden ofrecer, solo hay que ver a estos grandes de la palabra para pensar, "carajo estos cuates si tienen algo que decir".
La poesía de Chumacero me invadió todo el ser, no me dejó respirar mamemo. Ese suspiro cuando se escucha algo genial, no podía terminarlo cuando escuchaba otra vez algo que me invadía el ser, fue impresionante.

(Bajo la inerme noche, nada
dominará el turbio fragor
de las beatas, como acordes:
"Ruega por él, ruega por él...)

Gracias Ali y felicidades.

Lady Mondegreen dijo...

Qué oportunidad tan maravillosa.

Son de esos momentos que lo hacen a uno vislumbrar el Parnaso.

Renovar la fe en la enfermedad de la poesía.

Me hubiera gustado compartir ese momento con ustedes.

Un abrazo

pd. Me acuerdo de hacer fila esas cuatro horas contigo para Saramago. Creo que fuimos las primeras personas en verlo.

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