viernes, 9 de enero de 2009

Delgado hilo rojo

Vinieron a buscarme las palabras porque no tengo nada que decir.
El moka, los dedos de queso, el silencio sazonado en mentas hace fuerte la conciencia.
Será que estoy en el centro, sólo mirando como vuelan las hojas, cómo caen livianas a mis pies.
Será que la sonrisa del día se ha hecho una cueva en donde guardo los tres sueños, las tres edades, tus tres nombres.
Será que el silencio se ha hecho palabra eterna entre los seres unidos por el hilo rojo, ese que no se rompe a pesar de la espuma que nos sale por la boca.
Es que quiero ser roble, estar de pie, ser maquinista de trenes que ya no anuncian telegramas, que no arrebatan llantos, que llegan puntuales a las 6:50.
Es que este nuestro cuarto me envuelve en su penumbra, en el regocijo del silencio que es el tropo elegido para hablar de la sangre bendita.
Es el dolor de ser falange perfecta, es la dicha de vivir en un cuarto propio.

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3 comentarios:

Lady Mondegreen dijo...

Este cuarto está siempre abierto para ti, y junto a ti guardaremos silencio, permaneceremos en vigilia, hasta que llegue la luz con el bendito abril. Abrazos

Angélica Maciel dijo...

Abril será pleno. El tiempo habrá hecho en tu alma un tanto de luz. En tanto aquí estamos, siempre, en cada mañana, en cada tarde. En vigilia de tu felicidad venidera. Abrazo.

silvestre dijo...

Me llega desde el otro lado de tus letras, un sabor a tristeza. No te voy a decir desde estas lejanías de mi tejado, que dejes de estarlo. Eso a mi no me funciona. Aprendí un día que puedo ver mi tristeza sin convertirme en ella, así como mi alegría, es lo mismo.
Un abrazo

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