viernes, 14 de octubre de 2011

No te rindas


Hace tiempo este poema de Benedetti fue mi mantra. Así, completo. De él pendió mi corazón, mi fe y mi vuelo. Y porque después de la tormenta siempre sale el arcoiris.
Hoy pienso en una de mis moiras. En Imani. En cada una de las personas que quiero y que derraman llantos y están en pie de guerra.
Las quiero. Las abrazo. No se rindan. 



No te rindas
No te rindas, aún estás a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras,
enterrar tus miedos,
liberar el lastre,
retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros,
y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
porque lo has querido y porque te quiero
porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron,
vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa,
ensayar un canto,
bajar la guardia y extender las manos
desplegar las alas
e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños
porque cada día es un comienzo nuevo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
porque no estás solo, porque yo te quiero.
Mario Benedetti

jueves, 6 de octubre de 2011

Bajotierra


Nadie puede culparme por escribirte, Herminia
ni por dejar las luces prendidas del camino, para que me sigas
para que vengas a decirme que la tierra está en el mismo lugar.

Así es siempre, me dijiste,
y yo me levanté y te seguí los pasos para ver el mundo
ese en el que haces las veces de mucama de sueños
de cocinera de espantos.

Nadie puede venir a decirte Herminia
que no supiste corregirme la cordura
 ni pintar de negro la alcoba
que se empeña en mojarme los pies hasta despellejarlos
y se obsesiona con descarrilar la vacuidad de mi reflejo.

Te hace falta bañarte en sol, me dices,
y me quedo pensando en las sonrisas que emanan de sus rayos
en las lágrimas sonoras que se secan a gotas
que limpian con calor mis córneas dilatadas.

Yo soy quien no entiende de sueños, te digo
y me regreso buscando las huellas que dejé en el camino contrario
las que borré con olvido, con ganas de tierra.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Oportunidades

Toma I: está chueca
La vida da múltiples oportunidades. Los últimos meses de mi vida he tenido varias a mi alcance, y lo mejor de todo es que me he decido a tomarlas. Hasta pensé que me iba a morir porque he estado cerrando círculos a lo bruto, pero no, no tuviera tanta suerte este mundo para librarse de mí.

Hace tiempo que buscaba en Facebook a quien fue mi mejor amiga durante la prepa. Le perdí la pista por broncas que ahora me parecen insulsas y tal parece que viví catorce años creyendo cosas que no eran (esa es una buena noticia). La busqué sin éxito y un día hace algunas semanas me agregó, me dio harto gusto. Luego me la encontré en el Flashmob que hicimos en Centro Magno; platicamos atropelladamente, con emoción, rápido, con las ganas de sentarnos a tomar el café que nos debíamos desde hace más de una década. Resulta que ella vive en donde viven mis papás y voy a diario desde hace más de un año, desde que nació Sakura.
Toma II: ¡está peor!

Hoy nos vimos con amigos y me dio la impresión de que el tiempo no ha pasado. Hablamos de la vida, del amor, de cómo la vida nos ha madurado, golpeado y abrazado.

Llegué a casa feliz de estar con ellos, de tener la oportunidad de verlos de nuevo, de recordar y charlar. Llegué feliz de haberme dado la oportunidad de aceptar que la vida me dijo en tan poco tiempo "hey, ahí está Ile, ya pasó el tiempo, dense un abrazo".
Toma III: fiu, algo decente.
Sonrisa catorce años contenida

Eso hicimos. Gracias Ile por ser tan igual a como eras, por hacerme sentir que el tiempo no ha pasado,que somos en esencia las mismas, que he crecido y que he aprendido a perdonar y a ofrecerte mil disculpas. No sé qué nos depara la vida, pero no quiero perderme la oportunidad de conocerte de nuevo.

Te abrazo.


martes, 6 de septiembre de 2011

De ayeres y desprendimientos

Esta tarde me despedí de mi cochecito, el único que he tenido, un Atos, yo le decía en mi cabeza siempre mi zapatito azul. Me emociona mucho el nuevo coche, pero despedirme del zapatito va más allá de motor, llantas y transporte. En cuestión de minutos hice un repaso de mi vida, en específico los últimos casi siete años, los mismos que tenía con mi Atitos. Sin ánimos de parecer superficial, diré que lo voy a extrañar.
En él me deshice de uno de los miedos más grandes de mi vida, andar por las calles con un fierro alrededor, entre otros fierrotes amenazantes, yo quería las calles para mí sola, y en él, me deshice del miedo. Recuerdo la primera vez que manejé sola de regreso a mi casa, era un diez de mayo y estaba feliz porque me dieron medio día e iba a comer con mi madre. La ruta que había trazado en mi cabeza la cambiaron, estaban arreglando la Glorieta Colón, iba sudando, temblando, temía sentirme perdida y no me detuve hasta llegar a mi casa. Me bajé llorando.
El día que me lo entregaron, 15/04/05
En él iba a la maestría y me sentía tan feliz, tan independiente. Fui a llevar una invitación de la boda y regresé con premio, el gran Gus venía en brazos de mi amiga Rosi, así que le tocó estrenar coche. Luego, me casé con J. No quise adornarlo porque no quería llamar la atención, quería manejar yo misma hasta el lugar en donde nos casamos, pero mi papá prudente me hizo desistir, gracias papá, era una novia y no me había dado cuenta. Le cupo una lavadora, un baúl, muchas cajas de libros, dos libreros y un chorro de amor, tanto que todavía no se termina.
Años después, una mañana de abril le rogué a J. que lo llevara a lavar a conciencia, porque ese día, o al otro, llevaríamos a casa nuestra pequeña Sakura y quería que fuera como una reina.
Luego fuimos por Fuga, nos encontramos con Luzanna en un parque, le pusimos una cama atrás y la nena iba como una diva en el asiento de atrás.
Nunca creí que un armatoste de fierros, hules, trajeran a mi memoria varias de las cosas más importantes de mi vida. No creo que sea casualidad que vengan a mi mente tantos amores y fechas especiales, tantas ganas de seguir rodando mi vida.
Ahora va el Atitos con su nuevo dueño, que lo cuidará seguro mejor que yo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Ultimatum

No creo que sea coincidencia ir por la calle pensando en todo lo que pasa en mi país, en mi vida, en la de otros, y encontrar esto.
Tampoco creo que sea así de fácil cerrar capítulos, quitar estigmas, sacar el cochambre a cacerolazos, pero vale bien la pena.
Creo que se vale decir, hacer y creer en lo que a uno le dé la gana.
Me toca prestar atención cuando la vida me llama a gritos, porque no creo que sea coincidencia.

sábado, 13 de agosto de 2011

Lluvia en las piedras

Herminia sale de las piedras cuando hay lluvia
cuando parece que el cielo se rompe de tanto tronar
y de tanto que caen del cielo las puntas
que agujeran su corazón.


Sale para dejar que lo penetren
que caven hondo
para que salgan chorros de sangre como emociones
como la vida que se le va mientras ve pasar a los perros.


Y es que con ella sale su vida
esa en la que lo sabe todo.


La lluvia le trae a la memoria
las risas compartidas
las lágrimas y los cantos,
los rezos en la punta de la lengua de las beatas
y las ganas de ser cigarra.


Y es que ella sabe de soledades
de huecos en la punta de las pestañas
de ecos que caen callados en las esquinas de su corazón perforado.


Y es que Herminia conjuga verbos 
como rayos de luna en el monte
aullidos de lobo en si bemol.


Cigarra, ave fénix, beata, prostituta renovada,
Herminia quiere ser la palma de la mano de los muertos
para dejar de predecirles la vida
-o la muerte que es lo mismo-
para empezar a escribir salmos que los lleven a bien morir debajo de las piedras.


Que caiga entonces la lluvia
les perfore el corazón
y canten
y lloren
y escriban historias en las palmas de las manos de los que se han ido a vivir.

martes, 2 de agosto de 2011

Una carta para ti

Hoy platicaba con una buena amiga (casi hermana) sobre lo poco que nos hemos visto últimamente y lo invariablemente cerca que de todos modo estamos. Me dijo que quiere hablarme para contarme cosas buenas de su vida y no para lamentarse de tal o cual cosa que le pasa o que me pasa y hacer una eterna quejica. Yo contesté lo que debía, si no es para eso, ¿para qué estamos los amigos?

Me quedó mi frase en la cabeza, ha ido venido en cada alto y siga, en cada carril de derecha o izquierda, mientras me estacionaba, mientras preparaba unas quesadillas para cenar (confieso que hice una pausa para arrullar a mi pequeño chimpancé) y trato de aclarar mis ideas al respecto mientras escribo.

¿Para qué estamos los amigos? Para divertirnos, lamentarnos, amarnos, mentar madres y echarnos a perder los unos a los otros. Yo no sé si soy o no una buena amiga, pero sé que tengo buenos amigos. No los cuento por decenas siquiera, al contrario, en mi caso aplica “de lo poco bueno” y me siento muy afortunada por ello.
A mí no me importa si llamas a las tres de la mañana llorando o riendo, o nomás, porque te dio el insomnio desvelado y quieres  platicar. Tampoco me importa si eres una queja eterna, ya saldremos adelante. Y si me buscas para reír, chidísimo, a mí también me hace mucha falta orinarme a carcajadas.

Me dicen las malas lenguas que si de pronto me siento sola es que tengo que conocer más gente, otra, que hagan cosas distintas, que me retroalimenten distinto. Yo les digo a las malas lenguas que te necesito a ti, con tus demonios y tus sonrisas. Que vengan esas otras personas a poblar mi mundo, a compartir experiencias de vida, pero que te quede claro que para llenarlo, estás tú.

Te mando un fuerte abrazo. Te extraño.
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